Vatios, índice IP, medidas, peso… Sobre el papel, las fichas técnicas parecen permitir una comparación “objetiva”. En la práctica, dos calefactores infrarrojos eléctricos con cifras parecidas pueden dar sensaciones muy distintas una vez instalados.
1) Potencia (W): el número que más se malinterpreta
Es normal mirar primero los vatios. Aun así, dicen poco del calor que realmente notas.
Dos equipos de 2.000 W pueden:
- cubrir zonas útiles diferentes,
- alcanzar a personas de forma desigual,
- sentirse suaves… o demasiado agresivos.
2) Radiación útil: casi nunca aparece, pero manda
La ficha indica consumo; rara vez explica cómo llega la radiación a la zona ocupada.
Lo que cambia el resultado:
- cuánta energía se dirige de verdad a las zonas usadas,
- si se crea una zona de confort estable,
- si la radiación es uniforme en el objetivo.
En el terreno
Un equipo puede consumir mucho y abrirse demasiado, perdiendo parte de su energía. Otro, mejor diseñado, se siente más cálido con la misma potencia.
3) Distribución: donde se gana o se pierde el confort
La distribución es cómo se reparte el calor. Se documenta poco, y aun así define la experiencia.
Distribución pobre
- Punto caliente central molesto
- Bordes fríos
- Confort irregular según la posición
Buena distribución
- Cobertura uniforme
- Confort estable para varias personas
- Menos necesidad de sobredimensionar
Con buena distribución, a menudo se consigue más con menos vatios.
4) Confort visual: no está en la ficha, sí en el uso
Las fichas no hablan de deslumbramiento. Y ese detalle decide si un calefactor se usa… o se deja apagado.
- deslumbramiento en la mesa,
- sensación de “foco”,
- ambiente peor por la noche.
5) Instalación real: casi nunca es “perfecta”
En obra y en terrazas, aparecen condicionantes:
- alturas de montaje variables,
- vigas, fachadas, estructuras,
- zonas de estancia irregulares.
Un equipo premium está pensado para integrarse y seguir siendo eficaz.
Enfoque profesional
La pregunta no es “cuántos vatios”, sino dónde está la gente y cuánto tiempo se queda.
6) Control: el confort en el día a día
Una buena gestión cambia el resultado:
- calentar solo lo que se usa,
- ajustar según ocupación real,
- reducir consumo sin romper el confort.
Dos instalaciones iguales pueden sentirse muy distintas solo por cómo se gestionan zonas y niveles.
7) Por qué lo premium no cabe en una tabla
Al final, manda lo práctico:
- sensación tras 10, 30, 60 minutos,
- estabilidad del calor,
- ausencia de molestias,
- uso sencillo.
Las fichas ayudan a descartar lo incompatible. No predicen el confort real. En infrarrojo premium cuentan: calidad de radiación, distribución, confort visual, instalación y control.
Ahí es donde HEATSCOPE y HEATSTRIP marcan diferencias: no por un número aislado, sino por el confort sostenido con el tiempo.

